Destino

Destino

Destino es el más viejo de Los Eternos; al Principio había el Verbo, que fue trazado a mano en la primera página de su libro, antes de que fuera pronunciada.

Destino también es el más alto de Los Eternos para los ojos mortales.

Algunos le creen ciego, mientras que otros, quizá con mayor razón, dicen que ha viajado mucho más allá de la ceguera; que, de hecho, no puede hacer más que ver; que ve las delicadas líneas que dejan las galaxias al moverse por el vacío, que observa los intrincados dibujos que los seres vivos hacen en su viaje a través del tiempo.

Destino huele a polvo, y a las bibliotecas, y a la noche.

Sus pies no dejan huella.

No proyecta sombra.

Muerte

Muerte

Y ahí está Muerte.

Sueño

Sueño

Luego está Sueño de Los Eternos: ah, aquí tenemos una adivinanza.

En este aspecto (y sólo percibimos aspectos de Los Eternos, de la misma manera que vemos brillar la luz en una sola y pequeña faceta de una enorme y perfectamente tallada piedra preciosa), es delgado como un hilo, con la piel del color de la nieve cuando cae.

Sueño acumula nombres como otros hacen amigos; pero se permite pocos amigos. Si se siente cercano a alguien, es a su hermana mayor, a quien sólo ve raramente.

Oyó hace tiempo, en un sueño, que un día cada cien años Muerte toma carne mortal, para comprender mejor lo que sienten las vidas que ella se lleva, para probar el gusto amargo de la mortalidad: que este es el precio que debe pagar por ser quien divide a los vivos de cuanto ha ocurrido antes, de cuanto debe venir después.

Él medita sobre esta historia, pero nunca le ha preguntado si es cierta. Quizá teme lo que ella responderá.

De todos Los Eternos, excepto quizá Destino es el más consciente de sus responsabilidades, el más meticuloso en su ejecución. Sueño proyecta una sombra humana, cuando le place hacerlo.

Destino

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Desespero

Desespero

Desespero, hermana gemela de Deseo, es reina de su propio territorio. Se dice que en el dominio de Desespero hay esparcidas multitud de pequeñas ventanas, colgadas en el vacío. Cada ventana contempla una escena diferente, y es, en nuestro mundo, un espejo. A veces mirarás a un espejo y sentirás los ojos de Desespero sobre ti, sentirás su gancho anclarse en tu corazón.

Su piel es fría, y viscosa; sus ojos de color de cielo, en esos días grises y húmedos que despojan al mundo de color y sentido; su voz es poco más que un suspiro y, aunque no tiene olor, su sombra huele ácida, a almizcle, como la piel de una serpiente.

Hace muchos años, una secta en lo que ahora es Afganistán, la declaró diosa y proclamó que todas las habitaciones vacías eran sus lugares sagrados. La secta, cuyos miembros se hacían llamar los No Perdonados, persistió dos años, hasta que su último adherente al fin se mató, después de sobrevivir casi siete meses a los demás miembros.

Desespero habla poco, y es paciente.

Deseo

Deseo

Deseo es de altura media. Es poco probable que ningún retrato pueda hacer justicia a Deseo, ya que verla (o verle) es amarle (o amarla)... apasionadamente, dolorosamente, hasta la exclusión de todo lo demás.

Deseo huele casi sublimininalmente a melocotones de verano, y proyecta dos sombras: una negra y bien perfilada, la otra translúcida y siempre vacilante, como el reflejo del calor. Deseo sonríe en breves destellos, como la luz del sol brillando sobre el filo de un cuchillo. Y hay muchas más cosas de Deseo que pueden compararse con un cuchillo.

Nunca una posesión, siempre la poseedora, de piel tan pálida como el humo y ojos leonados y afilados como vino amarillo; Deseo es todo cuanto has querido siempre. Seas quien seas. Seas lo que seas.

Todo.

Delirio

Delirio

Delirio es la más joven de Los Eternos.

Huele a sudor, a vino agrio, a noches largas, a cuero viejo.

Su reino es cercano, y puede visitarse; pero las mentes humanas no fueron hechas para comprender su dominio, y los pocos que han hecho el viaje han sido incapaces de describir más que diminutos fragmentos de él.

El poeta Coleridge decía haberla conocido íntimamente, pero el hombre era un mentiroso redomado y, en esto, como en tantas otras cosas, debemos dudar de su palabra.

Su apariencia es la más variable de todos Los Eternos, quienes, en el mejor de los casos, son ideas vestidas con el aspecto de la carne. La forma y el perfil de su sombra no guardan relación con ninguno de los cuerpos que viste, y es tangible, como terciopelo viejo.

Algunos dicen que la tragedia de Delirio es saber que, a pesar de ser más anciana que los soles, que los dioses, siempre será la más joven de Los Eternos, que no miden el tiempo como hacemos nosotros, ni ven los mundos a través de ojos mortales.

Otros niegan esto y dicen que Delirio no posee tragedia alguna, pero hablan sin pensar.

Porque Delirio fue antes Delicia. Y aunque eso fue hace mucho, incluso hoy tiene los ojos disparejos: un ojo es de un vívido verde esmeralda, salpicado de puntos de plata que se mueven; el otro ojo es azul, como una vena.

¿Quién sabe lo que ve Delirio, a través de esos ojos disparejos?